|
La Proclama de Yaguajay
A
punto de concluir las hostilidades, cerrando para él treinta
años de lucha por la independencia de Cuba, dirige Máximo Gómez
esta proclama a los cubanos desde su campamento de Yaguajay. Con
ella hacía un llamamiento al olvido de lo pasado, y a la
insurrección de la justicia y el respeto de la ley en el futuro.
Al Pueblo Cubano
Para andar más pronto el camino de la organización nacional,
elegid para directores de vuestros destinos a los hombres de
grandes virtudes probadas, sin preguntarles en dónde estaban y
qué hacían mientras Cuba se ensangrentaba en la lucha por la
Independencia.
Debéis ser atinados en la elección de los ministros,
administradores de los intereses del país, que no alfombren sus
casas ni sean arrastrados por carrozas antes que las espigas
maduren con abundancia en los campos de la Patria que habéis
regado con vuestra sangre para hacerla libre.
No tengáis ministros con mujeres que vistan de seda, mientras
las del campesino y sus hijos no sepan leer y escribir.
Aprended a hacer uso en la paz de vuestros derechos, que habéis
conseguido en la guerra; que no se deben conformar los hombres
con menos, porque esto conduce al servilismo, ni pretended más,
porque esto os llevaría a la anarquía. La observación estricta
de la ley es la única garantía para todos.
Yo aconsejo para Cuba, puesto que se alcanzó el sublime ideal,
un abrazo fraternal que apriete y una para siempre el augusto
principio de la nacionalidad cubana.
El triunfo definitivo debe rodear a este pueblo de majestad y
grandeza. Se debe conceder el perdón a todo el que lo solicite,
para que la obra quede completa. Al aproximarse a las tumbas
gloriosas de nuestros compañeros a depositar la siempreviva,
junto con una lágrima de guerrero, es preciso en esta hora
piadosa llevar el alma pura de rencores.
Que
no os ofusquen los apasionamientos de la victoria, ni que los
que se crean más meritorios
los ensoberbezca y ciegue el orgullo, pues por ese camino casi
siempre se han perdido muchos hombres que principiaron siendo
grandes y acabaron pequeños. No se debe olvidar nunca que así
como la espada es la bienhechora para dirigir y gobernar bien
las cosas de la guerra, no es muy buena para esos oficios en la
paz, puesto que la palabrea ley es la única que debe decírsele
al pueblo, y el diapasón militar es demasiado rudo para
interpretar con dulzura el espíritu de esa misma ley. Se tiene
que dejar de oír el relato de pasadas hazañas. Todo eso cumple a
la majestad de la historia porque si no se mortifica a los que,
debiendo, no supieron ejecutarlas y aparecería como un cargo que
los irrita, y predispone a los espíritus a la desunión o a la
discordia.
Con todas estas preocupaciones de obreros abnegados que
todo lo han dado a la Patria, y ayudados por tres factores
poderosísimos, el trabajo, la educación y las buenas costumbres
– la mejor higiene para preservar el alma y el cuerpo de amargos
dolores -, Cuba será próspera y venturosa.
Mientras tanto, si yo no caigo en lo que falta de la lucha,
y cuando me vea tranquilo en un rincón de mi Patria, pediré
siempre para Cuba las bendiciones del Cielo.
Nota: Tomada del libro, Por los
Caminos de Yaguajay, Itinerario de la Memoria,
de Marcos A. Iglesias. |